viernes, 27 de mayo de 2011

jueves, 26 de mayo de 2011

Anbotoko Dama



Os voy a contar una leyenda, que se situa en el hermoso escenario de el monte de Anboto, ubicado en la provincia de Vizcaya.

Había una vez una mujer casada que no tenía descendencia.
Su deseo más grande era poder tener una hija y, movida por
dicho deseo, llegó a decir que si lograba cumplirlo, cuando la niña cumpliese los veinte años no le importaría que el diablo se la llevase.

El deseo se cumplió, la mujer dio a luz una niña. Cuando ésta estaba cerca de cumplir los veinte años, la madre, por temor al cumplimiento de su promesa, la encerró en una caja de cristal. Pero tal cuidado no fue suficiente, porque el día del cumpleaños el diablo se presentó, rompió la caja de cristal y se llevó a la joven.

Desde ese momento, la joven vive en Amboto dicen que es la diosa Mari de la Mitología Vasca.
Tiene otras mucha leyendas que iré recogiendo y otros nombres: Mayi, Ama Lur ...


Dicen también, que se le suele ver en la boca de la cueva, los días de buen tiempo, peinando su bonita cabellera rubia con un peine de oro, al sol. No es raro tampoco el verla pasar algunas noches como una gran bola de fuego sobre el cielo de Amboto, hacia otros lugares del País Vasco donde posee morada o al cercano Oiz. Dependiendo de donde se encuentre, habrá buen o mal tiempo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Perfecta imperfección.


Era perfecto.
Ningún otro fue igual de perfecto.
Ni un atisbo que le desencantara,
como otras veces, como con otros.


Exquisito en el trato,
hábil en el beso,
maestro en la caricia,
paciente y siervo
al tiempo que amo y dueño.


Impecables maneras
sin mácula alguna,
la sonrisa en el momento justo,
los ojos cerrados en el éxtasis,
el suspiro y la calma sincronizado.


Era perfecto,
nada hacía atisbar en el un desengaño,
quizá premonitoria alguna frase
que levantó un telón infranqueable.


Una advertencia firme,
una sentencia dura y convincente,
"prohibido acostumbrarse",
parece ser: que esto era algo pasajero.


Pero el sueño hila sueños,
el deseo solo engendra ilusiones,
en la neurótica visión cobarde,
se ve lo que se quiere.


Era perfecto,
hasta que el tiempo
fue erosionando su perfecto rostro,
como muda la piel una serpiente,
cayó su máscara divina.


Era perfecto,
solo que en algo no era tan perfecto.
Simplemente que ella fue un sorbo pasajero,
a la que nunca amó, ni echó de menos.



Aprendiz de primavera