jueves, 12 de enero de 2017

El ser humano tiene la tendencia a sabotear su propia felicidad.






Cuentan que… Un día, a comienzos del invierno, llega al correo una carta muy especial dirigida a Dios. El empleado que clasifica la correspondencia se sorprende y busca el remitente:

“Pucho, casilla verde, calle sin nombre, Villa de Emergencia Sur, sin número.”

Intrigado, abre la carta y lee:

Querido Dios:

Nunca supe si era cierto que existías o no, pero si existes, esta carta va a llegar a ti de alguna manera. Te escribo porque tengo problemas. Estoy sin trabajo, me van a echar de la casucha donde vivo porque hace dos meses que no pago y hace mucho que mis cuatro hijos no comen un plato de comida caliente. Pero lo peor de todo es que mi hijo menor está con fiebre y debe tomar un antibiótico con urgencia. Me da vergüenza pedirte esto pero quiero rogarte que me mandes 100 pesos. Estoy tratando de conseguir un trabajo que me prometieron, pero no llega. Y como estoy desesperado y no sé qué hacer, te estoy mandando esta carta. Si me haces llegar el dinero, ten la seguridad de que nunca me voy a olvidar de ti y que les voy a enseñar a mis hijos que sigan tu camino.

Pucho

El empleado del correo termina de leer esto y siente una congoja tremenda, una ternura infinita, un dolor incomparable… Mete la mano en el bolsillo y ve que tiene 5 pesos. Es fin de mes. Calcula que necesita 80 centavos para volver a la casa. ..Y piensa: 4.20… ¡No sabe qué hacer!

Entonces empieza a recorrer toda la oficina con la carta en la mano, pidiéndole a cada uno lo que quiera dar. Cada empleado, conmovido, pone todo lo que puede, que no es mucho porque estamos a fin de mes. Un peso, cincuenta centavos, tres pesos… Hasta que, al final del día, el empleado cuenta el dinero reunido: ¡75 pesos!

El hombre piensa:”¿Qué hacer? ¿Espero a la semana que viene hasta conseguir los otros 25 pesos? ¿Le mando esto? No… el niño está mal… le mando lo que tengo, será mejor…”. Mete los 75 pesos en un sobre, anota el domicilio y se lo da al cartero, que también está al tanto de la situación. Dos días más tarde, llega al correo una nueva carta dirigida a Dios.

Querido Dios:

Sabía que no podías fallarme. Yo no sé cómo te llegó mi carta, pero quiero que sepas que apenas recibí el dinero compré los antibióticos y Cachito está fuera de peligro. Les di una buena comida caliente a mis hijos, pagué parte de la deuda de la casucha, y el trabajo que me iba a salir ya me lo confirmaron, la semana que viene empiezo a trabajar. Te agradezco mucho lo que hiciste por nosotros, nunca me olvidaré de ti y creo que si me acompañas mandándome trabajo no necesitaré volver a pedirte dinero jamás. Posdata: Aprovecho para decirte algo. Yo no soy quién para darle consejos a Dios, pero si vas a mandar dinero a alguien más: no lo mandes por carta porque los del correo se quedaron con 25 pesos.

Pucho.

Via: El camino de la Felicidad, de Jorge Bucay

sábado, 21 de mayo de 2016

Cuando me siento sola...





Cuando me siento sola,
cuando me siento sola busco tu sonrisa en algún rincón de mi retina,
esa sonrisa tuya, cuando yaces cansado, pleno y lleno de mi.

Cuando me siento sola,
pienso en las pocas cosas por las que vale la pena seguir viva,
quizá ese beso tuyo, o tu mirada tierna, o tu alegria conmigo.

Cuando me siento sola
tengo que hacer memoria para sentirme viva y solo en ti pervivo.

Y lo peor de todo…
...es que ya es casi siempre cuando me siento sola
y solo no estoy sola, cuando vuelvo a tu lado.

viernes, 22 de abril de 2016

Temporalidad




"Por mucho esmero, amor y dedicación que se ponga en construir un castillo en la arena, siempre vendrá una ola que lo devore"



miércoles, 24 de febrero de 2016

La piedra o el limón?





Desde este 23 de febrero, el Museo del Prado nos trae la obra de George La Tour para que nos deleitemos con ella hasta el 12 de junio.

La Tour fue un pintor fránces barroco, que podemos considerar "tenebrista" con un estilo que nos recuerda inevitablemente a Caravaggio.

En la exposición podremos ver algunos de sus celebres apóstoles, o sus mágicas composiciónes donde la luz de una vela se convierten en protagonistas de muchas escenas.

No era un pintor a uso, su tratamiento natural de los personajes, aunque estos fueran religiosos, no era la mas académica. Sus modelos eran gente corriente, aldeanos, casi plebeyos.

Pero me he querido detener en un cuadro fascinante de la exposición "Riña de Músicos" por lo misterioso de su fin.



La escena no parece a simple vista especial, dos músicos son captados en plena riña, uno de ellos, al parecer ciego,lleva una zanfaina, instrumento popular de la época y otro parece querer arrebatárselo.
En los extremos, una mujer asombrada que puede ser la lazarillo del músico y otros dos, que parecen no muy preocupados por el suceso.

¿Cuan es el misterio?

En un principio todo era aparentemente normal, uno de los músicos empuña un cuchillo y el otro parece querer agredirle con una piedra.
Pero todo el contexto del cuadro cambia, cuando unos estudios determinan que lo que lleva en la mano el músico no es una piedra sino un limón que pretende exprimir en los ojos del "presunto ciego"



Y es que esa puede ser la clave de la riña, la expresión del músico al ver acercarse el jugo del cítrico, le delata y le hace poner esa cara de horror, descubriendo que su ceguera era falsa.

Una historia apasionante y que si queremos podemos sacar hasta un toque de humor, porque... no me direís que los músicos del lateral no son la viva imagen de Santiago Segura y José Luis Lopez Vázquez?






Arte, siempre mágico y purificador.

No os perdais la exposición.