lunes, 12 de noviembre de 2007

Del amor a la locura: Camille Claudel









Todas las rupturas tienen algo de desgarrador.
Todas arrancan algo que considerábamos nuestro, diseccionando para siempre una parte de nosotros cual terrible mutilación.

Cuando llegamos a tal estado y somos conscientes de ello, se puede apoderar de nosotros la ira, el desprecio o la venganza.Pero en otras ocasiones, caemos presos de la desesperación y no nos importará humillarnos, suplicar e implorar por no perder lo que amamos.

Esa es la esencia de L'Age mûr, el grupo escultórico que define la ruptura de Camille Claude con su amante August Rodin.
Esas son las manos que nunca llegan a rozarle, rogando de rodillas, que no le abandone.

Camille Claudel nacio en Fère-en-Tardenois, Aisne el 8 de diciembre de 1864 y murió en el manicomio de Montdevergues cerca de Aviñón en 1943.
Se dice, que ya desde niña jugaba con el barro y que la escultura era su único pensamiento.
En 1883 tiene su primer encuentro con Auguste Rodin, que marcará toda su vida profesional y personal.
Además de su alumna, será su amante, su compañera y hasta su rival en el arte.
Ambos beben el uno del otro, como trasfieriendo por vasos comunicantes, la inspiración de su arte, es posible, que la vibración que les unía como amantes se prolongara luego al mármol o al bronce.
Se encuentran influencias paralelas entre ambos escultores ¿quien tomaba mas del otro?:


Frente al sensual "ídolo eterno" de Rodin: el Sakountala de Camille o frente a el beso: el abandono, su primera gran escultura.
Pero como todas las pasiones sin medida, la tormentosa relación tiene que llegar a su fin definitivo.Rodin, nunca abandona a su otra mujer, la costurera Rose Beuret.
Y lejos de su familia, excepto el apoyo de su hermano, el poeta y escritor Paul Claudel, Camille tiene que afrontar la definitiva separación del amor de su vida.
A partir de ese momento, Camille, no por ello pierde su inspiración, parece liberada de las reglas de su maestro, pero en lo personal, se irá hundiendo cada vez mas en la desesperación.

Mantiene una corta relación, con el músico Claude Debussy, destinada a fracasar ya que él esta también ya comprometido con otra mujer.

Así comienza su vida de locura y paranoia.Es una vida triste con sus gatos, alternando ataques de locura, donde llega a destruir sus propias obras.

Es cuando su madre se decide a internarla en un manicomio, donde acabará sus días, a pesar de su negativa. Así pasará los 30 años restantes de su vida.
Se deja apagar, sin que nadie pueda ayudarla, con la terrible consciencia de su fracaso.
Y en algunos de sus momentos de lucidez tiene tiempo para dejar en sus cartas frases tan conmovedoras como esta:
«Reclamo la libertad gritando a pleno pulmón... Merecía algo más que esto».





No me equivoqué al pensar que estaría abarrotada la sala que muestra la exposición de Camille Claudel, en la Fundación Mapfre.(Todas las imágenes del post, pertenecen al catálogo de la exposición.)


A pesar de competir este fin de semana con el SIMO, la mañana de domingo ha llevado ríos de visitantes a contemplar sus maravillosas esculturas, que tienen vida propia, que tienen alma.

El inicio del recorrido comienza con algunas cabezas y bustos, primeros trabajos de Camille, donde a menudo, usaba como modelos a sus familiares.
Me ha gustado las tres edades de su hermano Paul, de niño, con 16 años (como romano) y a los 37.Conviven con ellas, los estudios que el propio Rodin hizo de Camille, en perfecta armonía.



Una vez que entra en el taller de Rodin sus trabajos proliferan.
Son muy llamativas, por lo expresivo de sus gestos, las "cabezas reidoras", pequeños bocetos en terracota, yeso patinado o bronce.



Pronto encontramos una de sus grandes obras: inmensa, tanto que para Camille resultaba muy dificultoso, como ella misma dice, tallar las figuras.
Se trata de Sakountala, una pareja de amantes en yeso basada en la leyenda india, en la que un príncipe,Dusyanta, de rodillas pide perdón a su amante, por no haber cumplido su promesa de reconocerla a ella y a su hijo.
Junta a la gran obra, podemos ver algunos ensayos mas pequeños, en terracota.
Para Camille, esta era su gran obra, por ello en 1905 esculpió ella misma en mármol una versión a la que llamó: Vertumno y Pomona.



Ese mismo año, se fundirá en bronce varias versiones de la obra, con otras libertades de proporciones, que llamará: El abandono.



Con la ruptura de Rodin, Camille comienza muchas y magnificas obras,es un periodo de gran creatividad y experimentación.
De nuevo dos amantes, completamente sincronizados, buscan la disculpa de un vals para abrazarse amorosamente, en una composición de extraordinaria sensación de movimiento, que se sale de toda regla de composición.Lo grandioso de su escultura es que transmite nerviosismo y tensión desde la serenidad y la armonía.



La serie de estudios de "La petite Chatelaine", las realiza tomando como modelo a Margarita Boyer, la hija de los dueños del castillo de I'Islette, donde pasaba largas temporadas con Rodin.
Es sorprendente todas las variaciones que hizo de esta niña, se intuye que por un frustrado instinto maternal, después de abortar un hijo del propio Rodin.



De la ternura infantil, Camille pasa al estudio detallado de la vejez con la representación de clotho, una de las tres parcas, esta idea ira fraguando para representar a su eterna rival, Rose Beuret.



Y llegó el momento esperado: encontrarme ante el impactante conjunto de la L'Âge mûr.
Me acerqué a la obra muy despacio, casi sin respirar, quería llenarme de todo el dramatismo que tiene, porque no es solo una escultura, es la imagen de una desolada sensación de abandono, que todos, hemos sentido alguna vez.



A pesar de presentarse como la edad madura, un hombre llevado por la vejez, alejado de la juventud, muchos y sobre todo,su hermano Paul Claudel, supo que esa doliente figura arrodillada, era su hermana Camille, suplicando a Rodin que no le abandonara.Un Rodin que abnegado, la vuelve la espalda para reanudar su camino junto a vieja bruja que Camille representa como Rose Beuret.



La misma figura de la desesperada amante, sirvió para crear otras de menor tamaño, con el nombre de "La implorante".



Me quedé realmente conmovida ante esta obra, difícil de olvidar.

Sus últimos trabajos, tuvieron que ser encargos de mecenas, unas deliciosas "Chimeneas" pequeñas esculturas, con una joven desesperada y pensativa, para Eugene Blot y un bronce de Perseo y Gorgona para la condesa Maigret.



Luego llegó el encierro, el dolor y la soledad.
Tanto amor, tanto talento sepultado para siempre en las frías paredes de un manicomio.
Maravillosa exposición, inolvidable Camille Claudel.


1 comentario:

  1. Anónimo2:37 p. m.

    Me gusta Camille Claudel mucho !!!

    No puedo escribir màs en Espanol...
    Merci pour votre sublime billet du jour !!!
    Marie-Noëlle

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