viernes, 30 de enero de 2026

Yo soy una acuarela.

Ella está toda ahí.

Fue fundida cuidadosamente para ti
y moldeada desde tu infancia,
moldeada a partir de tu centenar de estudiantes favoritas.

Ella siempre ha estado ahí, cariño.
Ella, realmente, es exquisita. 
Fuegos artificiales en el aburrimiento de febrero
y tan real como una olla de hierro.

Seamos sinceros, yo he sido pasajera. 
Un lujo. Un velero rojo brillante en el puerto.
Mi pelo agitándose como humo por la ventanilla del auto.
Una joven almeja fuera de estación.

Ella es más que eso. Es lo que tienes que tener,
ha elevado tu práctico crecimiento tropical.
Ella no es un experimento. Ella es toda armonía.
Ella cuida de que la barca tenga remos y toletes,

ha puesto flores silvestres en la ventana 
para el desayuno,
sentada junto al torno de ceramista al mediodía,
ha dado a luz tres hijos bajo la luna,
tres querubines dibujados por Miguel Ángel,

y lo hizo con sus piernas abiertas
en los meses terribles en la capilla.
Si miras hacia arriba, los niños están allí
como delicados globos pegados al techo.

Ella ha llevado a cada uno a lo largo del corredor
después de la cena, sus cabezas discretamente inclinadas,
dos piernas protestando, uno frente al otro, 
su cara encendida con una canción y un pequeño sueño.

Te devuelvo tu corazón.
Te doy permiso

para la descarga en ella, latiendo
iracundo en la suciedad, 
para la puta que hay en ella
y la sepultura de su herida
−para enterrar su pequeña roja herida viva−

para la pálida bengala titubeante bajo sus costillas,
para el marinero ebrio que espera en su pulso izquierdo,
para su rodilla de madre, para las medias, 
para las ligas, para la llamada.

La curiosa llamada
cuando te cobijes entre sus brazos y pechos
y tires de la cinta naranja en su pelo
y contestes a la llamada, la rara llamada.

Ella es tan desnuda y singular.
Ella es la suma de ti mismo y de tu sueño. 
Escálala como un monumento, paso a paso.
Ella es sólida. 

En cuanto a mí, yo soy una acuarela. 
Lavable. 

Anne Sexton 


jueves, 19 de enero de 2023

Maldito tranvía.

Un tranvía arrolló el vehículo en el que viajaba Frida Khalo en 1925 marcando su vida para siempre.

Antonio Gaudí se dirigía el 7 de junio de 1926 a la iglesia de San Felipe Neri de Barcelona para visitar a su confesor cuando fue atropellado mortalmente por un tranvía.
Son hechos conocidos popularmente, dada la notoriedad de ambos.

No lo es tanto, que el pintor costumbrista turolense  Juan José Garate, corriera la misma suerte, esta vez en Madrid, el 3 de julio de 1939, atropellado por otro maldito tranvía que acabo con su vida a los 69 años.
En esta fría mañana de enero, quiero recordar su obra, el alma de esas mujeres que captó, cada una con su historia, que se cuenta con la mirada sobre el oleo.

Ambas obras se encuentran en el Museo del Prado de Madrid, aunque ninguna de ellas expuestas al público.



SED DE VENGANZA


Nos habla por si sola.
Una mujer ha recibido una carta, en el suelo hay parte de ella, quizá el sobre y en su mano, arruga la notificación que le hace llenar sus ojos de un pensamiento oscuro, tormentoso...
En su posición corporal se denota cierto grado de desesperación, de no poder sostenerse.
Esta buscando una salida, puede ser un asunto económico, una perdida de un ser querido aunque todo nos lleva a pensar que se trata de un desengaño amoroso.
El propio autor nos da la pista con el titulo de la obra.
El resto... ponedlo vosotros.






 SALIDA DE MISA


Es otro de esos oleos que nos narran una historia dejando libre la imaginación para construirla.

Una mujer nos mira de frente buscando nuestra complicidad, acaba de salir de misa, posiblemente se siente santificada por este hecho pero no puede evitar pensar en el muchacho que sobre una pared parece esperarla para verla y que también nos sonríe buscando aprobación.

Detrás, una anciana hace las veces de acompañante o custodia diría mejor, por la severidad de su aspecto.

Es la historia de dos mujeres bien distintas que el espectador puede elaborar con las claves que nos da el autor.

Esos tranvías se nos privaron de mas obras que pudieron darnos estos artistas... pero afortunadamente nos quedan las que ya nos dejaron.




sábado, 20 de agosto de 2022

Si sobrevives...

 





Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate. El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
es el tiempo de vivir, el único.

JAIME SABINES






ChristianSchloe

martes, 24 de mayo de 2022

Carne Barroca de Roberto Ferri


Desmesurado, de otro tiempo, impactante, así es la pintura de Roberto Ferri (Taranto, 1978)
A los 21 años se instala en Roma movido por su interés y pasión por las obras del siglo XVI en adelante.
Algunos le consideran el "Caravaggio moderno" lo mejor es no poner etiquetas y disfrutar de sus voluptuosas miradas barrocas, carne y piel derrochando sensaciones.












 

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

La leyenda del cempasúchil.




El dios del sol, Tonatiuh, todas las tardes recibía en lo alto de una montaña, a dos niños alegres y coloridos, que siembre le llevaban como ofrenda ramos de flores de vistosos colores.
Tonatiuh vio como crecian Xóchitl y Huitzilin, y mientras crecían y cubrían de flores la montaña, nacía entre ellos una amistad que inevitablemente se convirtió en amor.

Y fue bajo los mismos rayos de Tonatiuh,que Xóchitl y Huitzilin se juraron amor eterno, inolvidable.
Un amor hasta más allá de la muerte.

Un mal día llegó la guerra y Huitzilin partió al frente de batalla, de dónde nunca jamás regresó.
Cuando oyó la noticia, el corazón de Xóchitl se quebró de tristeza, y recordó a Tonatiuh.

El dios del sol, conmovido por su dolor, oyó sus plegarias y tendió un largo rayo, que rozando a la joven la convertiria en una flor alegre y radiante como había sido ella antes de perder a Huitzilin.
Sin embargo, está nueva flor, que era aun un capullo, se resistía a mostrar su belleza a pesar de recibir todos los días luz y calor de Tonatiuh.

Un día, pasado un tiempo, se acercó un colibrí que no pudo resistir el aroma de aquella tímida flor.

Se posó sobre ella, y en ese momento se reconocieron: Huitzilin,volador, y Xóchitl, que abrió su corazón para enseñar sus veinte pétalos anaranjados espléndidos.

Y así vive eternamente su amor.
Mientras existan los campos de cempasúchil los colibríes les buscarán, y los jóvenes amantes se encontrarán en ellos.





sábado, 31 de octubre de 2020

Mortaja




Era como haber subido al cielo.
Yo no tenía frío.
Reíamos juntos escandalosamente.
Tiraste del edredón sin funda,
para cubrirnos,
como si así no fuese a oler a nuestros cuerpos!
(siempre tan ingenuo)
Sentí el calor de tu piel desnuda,
ardías sobre mí
bajo ese iglú de plumas que nos envolvía
¡Qué dulce muerte haber muerto así!
sin más mortaja que tu cuerpo sobre el mío!


Aprendiz de primavera.

martes, 1 de septiembre de 2020

De nada sirvío nada.




Como duele
ver alejarte
cada día un pasito más
cada minuto un abismo de separación.

Y ahora que hago yo con mi vida?
Por quién luchar? Por quién mantener viva la ilusión?

Así se va secando la historia más bonita de amor,
como las cenizas apagadas sutilmente por una fina lluvia,

De nada sirvió nada para tenerte a mi lado.
Siquiera un día, unas horas, unos minutos...

Recordarás mi risa en el silencio,
cuando estaba contigo,
el brillo de mis ojos,
mi esperanza de vida.

Y solo será un sueño, del que jamás podré
ya despertarme.


Aprendiz de primavera.


imagen: Isabella Morawetz

domingo, 7 de junio de 2020

Pérdidas



Uno acumula noticias como pequeños cuchillazos.
Nos ponemos la mano encima, 
un apósito 
y seguimos hacia delante.

Hasta que un día parecen abrirse todas las heridas 
de golpe; 
no hay manos con que tapar tanta sangre 
que brota por los que ya no están  
y estuvieron un día dentro de tí.

martes, 10 de diciembre de 2019

...como cuando estás conmigo.



Dos gardenias para ti, no fue Machin, ni Daniel Santos, ni Ibrahim Ferrer, quien la compuso.

Fue la cubana Isolina Carrillo (La Habana, 9/12/1907-21/2/1996), que ya con 10 años había debutado en público en la orquesta de su padre.

A la edad de 10 años Isolina Carrillo hizo su debut ante el público al reemplazar al pianista que tocaba en la orquesta de su padre debido a que se encontraba enfermo. Su presentación fue bien recibida por el público asistente.

Toda su familia estaba involucrada con la música e incluso ella misma estudió en el Conservatorio Municipal de La Habana.

Fue en la década de los años 40 donde se la reconoció como compositora de boleros.

La más famosa, la que tu y yo hemos bailado alguna vez fue Dos Gardenias.

La música y la magia cubana le dio una larga vida, falleciendo a los 89 años.

Hoy un frío día anodino de diciembre, recobro su imagen, sus flores y sus versiones.

Larga vida al bolero Isolina.













martes, 12 de noviembre de 2019

A otras playas te arrastró la marea.




A otras playas te arrastró la marea,
traté de sujetarte, 
con uñas y dientes,
con palabras bonitas, 
con mi vida entera.

A otras playas te arrastró la marea,
fui inútil agarrarte
la yema de tus dedos,
con versos y plegarias,
con lágrimas y duelo.

A otras playas te arrastró la marea,
al final, venció ella,
me quede sola y fría
llorándote en mi orilla,
perdida en las estrellas.


Aprendiz de primavera.
Mi vida por ti.

domingo, 27 de octubre de 2019

Sol y salitre.






En estos días de sol y de salitre,
la bahía deslumbra de oro arena
vuelan las aves blancas
se confunden
sus alas con veleros.

En estos días de sol y de salitre
te imagino a lo lejos
una de tus sonrisas
dará luz a tu cara...

mientras yo aquí en Madrid
muero de hielo
extrañando tu abrazo
en ese espacio
donde nunca estaré
bajo ese mismo cielo.

Aprendiz de primavera.

viernes, 15 de marzo de 2019

Pluma en seda.





Dos alas de paloma:
tus manos.
Aletean mis pechos
pluma en seda,
blancas, firmes y suaves.

Yemas de mariposas
posándose en mi carne,
dando vida a lo muerto,
latido a lo infartado,
primavera a la escarcha
de este invierno terrible.

Dos alas de paloma:
tus manos,
¡Aun las recuerdo vivas!
como si en mí, estuvieran.
(todavía).

Aprendiz de Primavera
(Oleo: Emelie Vernon)

sábado, 2 de marzo de 2019

Vuelo de madrugada.



Esperarte despierta
no  importa 
a qué hora llegues.

Oiré tus pasos
vestiré mis suaves galas
seda y tul, recibirte.

Esperarte despierta
como la novia espera,
temblando nácar.

Dejarás la maleta
yo correré a tus brazos
a acariciar tu pelo.

Esperarte despierta 
sé, que solo en mis sueños.
efímero holograma.

No seré yo
todo esto pasa solo en mi cabeza
la historia es siempre otra.

Aprendiz de Primavera.


Mi vida por ti.

miércoles, 20 de febrero de 2019

(Dios te lo perdone)




Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.
(Alfonsina Storni)


Oleo:  Jean Francois Lagrenée

lunes, 7 de enero de 2019

El Ángel de la Muerte. Cuento sufi.




Nuestro cuento empieza en una taberna de Bagdad, donde un discípulo de un maestro sufí se encuentra con el ángel de la muerte, que estaba visitando a quienes tenía destinado llevarse con él.

Temiendo ser uno de la lista, el joven decidió abandonar Bagdad e iniciar una larga travesía tratando de alejarse lo suficiente como para evitar encontrarse con él, antes de que venciera el plazo de su permanencia en la tierra.

Cabalgó muchas días, y al llegar a Samarkanda buscó una cueva para ocultarse y permanecer las tres semanas que necesitaba para eludir el fatal encuentro.

En su precario escondite se vio obligado a padecer frío, hambre y sed, avatares que soportó con estoicismo para lograr su objetivo de huir de la muerte.

Una vez pasadas dos semanas, decidió abandonar ese refugio para estar bien seguro de evitar el encuentro, y buscar otro en algún lugar aún más inaccesible que desalentara cualquier intento de persecución.

Durante tres largos días recorrió extensos valles, atravesó ríos e intrincadas selvas y escaló escarpadas montañas hasta que finalmente, en un lugar remoto, casi en la cima de una montaña y al borde de un precipicio, encontró una hendidura disimulada en la piedra que consideró el escondite ideal.

Se acomodó como pudo en el pequeño agujero, contento de haberle casi ganado la batalla al ángel de la muerte, cuando sólo faltaban escasas horas para que se cumpliera el plazo de su permanencia en la tierra.

Ningún ser humano había incursionado alguna vez por esos lugares tan inhóspitos, ni escalado hasta tan elevadas alturas, pero sentía que había valido la pena, porque estaba casi seguro de haber conseguido burlar al destino.

Cansado de su larga travesía y mientras aguardaba que pasaran los minutos, no pudo resistir el sueño y se quedó dormido profundamente.

Pero el peso de su cuerpo, casi al borde del precipicio, fue produciendo lentamente una profunda grieta en la húmeda tierra sobre la que reposaba y al poco tiempo, no pudo evitar desbarrancarse desde semejante altura hasta caer pesadamente al borde de un arroyo, mil metros más abajo, justo a los pies del ángel de la muerte que parecía haberlo estado esperando.

Es inutil huir de tu destino, tarde o tremprano, acaba alcanzándote.


“Cuentos del Sufismo”, selección de Guido Tavani.

martes, 11 de diciembre de 2018

Mares Desiertos.



Me dejaste varada...
después de tanta revuelta en tu marea,
seca y e inmovil,
como queda una barca en un museo. 

Me dejaste clavada
mis pies se hundieron en la playa maldita,
condenada y perdida,
en el duro desierto de tu olvido.

Me dejaste anulada
bajo mis pies el agua evaporada,
resignada y dormida,
cambiaste el mar por barro y lodo ciego.

Aprendiz de primavera.

viernes, 11 de mayo de 2018

"Hay que seguir en la procesión hasta el final"



Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados, ni le atraía el teatro, ni le gustaba pasear en coche por el bosque, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey que se encuentra en el Consejo, de él se decía siempre:

-El Emperador está en el ropero.

La gran ciudad en que vivía estaba llena de entretenimientos y era visitada a diario por numerosos turistas. Un día se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las telas más maravillosas que pudiera imaginarse. No sólo los colores y los dibujos eran de una insólita belleza, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de convertirse en invisibles para todos aquellos que no fuesen merecedores de su cargo o que fueran irremediablemente estúpidos.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los llevase, podría averiguar qué funcionarios del reino son indignos del cargo que desempeñan. Podría distinguir a los listos de los tontos. Sí debo encargar inmediatamente que me hagan un traje.

Y entregó mucho dinero a los estafadores para que comenzasen su trabajo.

Instalaron dos telares y simularon que trabajaban en ellos; aunque estaba totalmente vacíos. Con toda urgencia, exigieron las sedas más finas y el hilo de oro de la mejor calidad. Guardaron en sus alforjas todo esto y trabajaron en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber lo que ha avanzado con la tela», pensaba el Emperador, pero se encontraba un poco confuso en su interior al pensar que el que fuese tonto o indigno de su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que tuviera dudas sobre sí mismo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para ver cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban deseosos de ver lo tonto o inútil que era su vecino.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para ver si el trabajo progresa, pues tiene buen juicio, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos pícaros, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos.

«¡Dios me guarde! -pensó el viejo ministro, abriendo unos ojos como platos-. ¡Pero si no veo nada!». Pero tuvo buen cuidado en no decirlo.

Los dos estafadores le pidieron que se acercase y le preguntaron si no encontraba preciosos el color y el dibujo. Al decirlo, le señalaban el telar vacío, y el pobre ministro seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había.

«¡Dios mio! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No debo decir a nadie que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No decís nada del tejido? -preguntó uno de los pillos. -¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujos y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Cuánto nos complace -dijeron los tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo ministro tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.




Los estafadores volvieron a pedir más dinero, más seda y más oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Lo almacenaron todo en sus alforjas, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en el telar vacío.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado del tejido y a informarse de si el traje quedaría pronto listo. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y remiró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-Precioso tejido, ¿verdad? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el funcionario-, luego, ¿será mi alto cargo el que no me merezco? ¡Qué cosa más extraña! Pero, es preciso que nadie se dé cuenta».

Así es que elogió la tela que no veía, y les expresó su satisfacción por aquellos hermosos colores y aquel precioso dibujo.

-¡Es digno de admiración! -informó al Emperador.

Todos hablaban en la ciudad de la espléndida tela, tanto que, el mismo Emperador quiso verla antes de que la sacasen del telar.

Seguido de una multitud de personajes distinguidos, entre los cuales figuraban los dos viejos y buenos funcionarios que habían ido antes, se encaminó a la sala donde se encontraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo afanosamente, aunque sin hebra de hilo.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados funcionarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -, y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían perfectamente la tela.

«¿Qué es esto? -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tonto? ¿O es que no merezco ser emperador? ¡Resultaría espantoso que fuese así!».

-¡Oh, es bellísima! -dijo en voz alta-. Tiene mi real aprobación-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío, sin decir ni una palabra de que no veía nada.

Todos el séquito miraba y remiraba, pero ninguno veía absolutamente nada; no obstante, exclamaban, como el Emperador:

-¡Oh, es bellísima!-, y le aconsejaron que se hiciese un traje con esa tela nueva y maravillosa, para estrenarlo en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todos estaban entusiasmados con ella.

El Emperador concedió a cada uno de los dos bribones una Cruz de Caballero para que las llevaran en el ojal, y los nombró Caballeros Tejedores.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con más de dieciséis lámparas encendidas. La gente pudo ver que trabajaban activamente en la confección del nuevo traje del Emperador. Simularon quitar la tela del telar, cortaron el aire con grandes tijeras y cosieron con agujas sin hebra de hilo; hasta que al fin, gritaron: -¡Mirad, el traje está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros más distinguidos, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-¡Estos son los pantalones! ¡La casaca! ¡El manto! ...Y así fueron nombrando todas las piezas del traje. Las prendas son ligeras como si fuesen una tela de araña. Se diría que no lleva nada en el cuerpo, pero esto es precisamente lo bueno de la tela.

-¡En efecto! -asintieron todos los cortesanos, sin ver nada, porque no había nada .

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones-, para que podamos probarle los nuevos vestidos ante el gran espejo?

El Emperador se despojó de todas sus prendas, y los pícaros simularon entregarle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Luego hicieron como si atasen algo a la cintura del Emperador: era la cola; y el Monarca se movía y contoneaba ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaron todos-. ¡Qué dibujos! ¡Qué colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio para la procesión os espera ya en la calle, Majestad -anunció el maestro de ceremonias.

-¡Sí, estoy preparado! -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? -y de nuevo se miró al espejo, haciendo como si estuviera contemplando sus vestidos.

Los chambelanes encargados de llevar la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y siguieron con las manos en alto como si estuvieran sosteniendo algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada.

Y de este modo marchó el Emperador en la procesión bajo el espléndido palio, mientras que todas las gentes, en la calle y en las ventanas, decían:

-¡Qué precioso es el nuevo traje del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué bien le sienta! -nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que no veían nada, porque eso hubiera significado que eran indignos de su cargo o que eran tontos de remate. Ningún traje del Emperador había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios mio, escuchad la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo empezó a cuchichear sobre lo que acababa de decir el pequeño.

-¡Pero si no lleva nada puesto! ¡Es un niño el que dice que no lleva nada puesto!

-¡No lleva traje! -gritó, al fin, todo el pueblo.

Aquello inquietó al Emperador, porque pensaba que el pueblo tenía razón; pero se dijo:

-Hay que seguir en la procesión hasta el final.

Y se irguió aún con mayor arrogancia que antes; y los chambelanes continuaron portando la inexistente cola.


El traje nuevo del Emperador.
Hans Christian Andersen (Odense, 1805 - Copenhague, 1875)

martes, 8 de mayo de 2018

Tormenta inacabable.





Es inutil.

Para qué resistirse?

Para qué cubrirse con el manto de la dignidad?

Para que meditar noches en vela, qué su amor no va a ningún lado.?

Si luego...

él con una frase, 

lo derrumba todo:

voluntad, orgullo y firmeza.
 

Como arrasa un huracán una amapola,

solo basta una palabra suya,

para caer de nuevo en el abismo

de su celda de besos 

y caricias.

Tormenta inacabable,

que arrastra eternamente

mi destino.


Aprendiz de Primavera.
Mi vida por tí.

jueves, 24 de agosto de 2017

El ojo de Aitzulo.


Este verano he vuelto a tierras gipuzkoanas, me gusta su relieve ondulante, esa maravillosa armonía entre el cielo azul y las suaves praderas verdes, ese olor a tantas especies aromáticas y la experiencia siempre maravillosa de realizar una ruta por sus tierras.

Ya había estado en la zona, parque natural Aizkorri-Aratz pero había descubierto por la red, que en Oñati, y más concretamente en Araotz, había un lugar maravilloso digno de ver: El ojo de Aitzulo.
Desde la carretera que sube al santuario de Arantzazu, se puede ver en la impresionante pared, para llegar a él, hay que hacerlo desde el otro lado, una ruta fácil, aunque como siempre, tuve mis salidas de mapa y desvìos, pero que conseguimos felizmente alcanzar.



Hay numerosas rutas para llegar al ojo de Aitzulo, comenzamos llegando a Araotz, un barrio de Oñati, que a su vez, tiene numerosos barrios con pequeños caseríos.
Araotz es un lugar lleno de misterio, silencioso, cuna del famoso Lope de Aguirre.




Allí dejamos el coche junto a la iglesia de San Miguel, y no muy seguros de la ruta, tomamos un camino, que no conducía al ojo, al llegar a unos caseríos, un amable vecino nos sacó del error.
Aún así, la ruta era muy hermosa, un ascenso con unas vistas de Araotz y sus diseminadas construcciones.
El paseo fallido, fue de 2,9 km ida y vuelta al punto de partida, 1h 20m con un desnivel de 156 m.



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Ya con la ruta bien definida, partimos al barrio de Zubia, desde allí, llegamos sin dificultad a nuestro destino, 



Aunque ya el calor apretaba y se notaba el esfuerzo de la primera subida, fue un paseo agradable, quizá con la ilusión de llegar cuanto antes a ver ese fantástico lugar, que tanto había admirado en las fotos que buscaba en internet, quería saber si era tan maravilloso como se veía y no me defraudó.
Subiendo encontramos un cercado con curiosas construcciones a modo de esculturas.

Se atravesó un pinar y se llegó a una chabola de pastores, quedaba poco, y el terreno se puso algo pedregoso, era como ir buscando un tesoro... hasta esperar que se abriera a nuestros ojos.
















Y al fin se abrió, un escenario natural espectacular, al fondo: el abismo vertical que mostraba la carretera a Arantzazu, quise bajar hasta él, pero la prudencia me dió un aviso.
Las imágenes hablan por si solas.
















En el mismo escenario: parada técnica para reponer fuerzas.


Ahora quedaba lo más complicado, no tenía muy clara la ruta de vuelta y no queríamos desandar el camino, así que optamos por la ruta de subida que lleva al monte Orkatzategi, aunque no teníamos intención de subir a la cima.
Salimos por una especie de brecha de la tremenda masa caliza, y empezamos el ascenso.



Fue un ascenso muy dificultoso, con mucho sol, a unas horas muy inapropiadas para subir, serían las 15:00 de la tarde y la subida iba siendo cada vez más costosa.







Mi app de wikiloc guardó ruta solo hasta el embalse de Aizgain.

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Allí empezó el problema, el cansancio nos pudo y no continuamos, un poco más arriba donde se supone que seguía la ruta circular para devolvernos a Araotz, así que vimos un camino que bajaba, y como lo lógico era bajar, nos aventuramos sin saber donde nos llevaría.
En la bajada encontramos de todo, una vieja cabaña de caza, terrenos de muchas piedras, hasta que un grupo de caseríos, en Urrutia no salvó la vida!

El problema no era el calor propio de esas horas y del día que nos hizo para ser el norte, era que nos habíamos quedado sin agua! Encontrar una fuente con agua fresquísima fue como llegar a un pequeño oasis.




Ya repuestos, pudimos regresar a Araotz, al barrio! por lo que tuvimos que subir de nuevo un buen trecho hasta la iglesia donde estaba aparcado el coche.

Una ruta con todas sus anécdotas pero que valío la pena.